
Sea día o noche, sean ancianos o niños, inundan las calles con sus paquetitos curiosos, rojos, azules amarillos. Y luego de despejar un poco la calle, cualquiera de ellos toma un cigarrillo, un fósforo o un encendedor, y con seguridad prenden ese pabilo que sale y al rato comienzan a salir chispas, fuegos, estrellitas, con esas furiosas explosiones con las que, según sus tradiciones, espantan a los espantos, ahuyentan a los malos espíritus.
Y no es por nada que todos salgan a las calles en un continuo de explosiones y luces que a momentos recuerdan una zona de guerra, puesto que fueron los chinos los que hace cientos de años inventaron la pólvora. Es increíble el número de lugares que en la calle, abiertamente venden cualquier cantidad de paqueticos de pólvora. Desde las inofensivas chispitas que les encantan a los ninos hasta los tacos explosivos enormes que pueden despertar a todo un barrio a medianoche. Siendo honestos, al principio se ve bonito el fuego en el cielo, las explosiones de todos los colores y formas que lastiman frecuentemente a las nubes. Pero después de un tiempo, se vuelve algo repetitivo, algo ruidoso, algo que esperas que se acabe rápido para poder irte a dormir. Pero no acaba... Al menos no en esta semana.
Ojala que este año no hayan muchos quemados, especialmente niños...
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